Sobre nosotros

El plan Diocesano de Pastoral 2011-2016 “Nos renovamos para evangelizar”, en el apartado III “¿Qué nos pide hoy el Señor?” dice: “entre los areópagos en los que hay que evangelizar está el mundo de la cultura, como señalan insistentemente los últimos Papas”.

Juan Pablo II nos lo decía en su Constitución Apostólica sobre las Universidades católicas: “El diálogo de la Iglesia con la cultura de nuestro tiempo es el sector vital en el que se juega el destino de la Iglesia y del mundo. No hay, en efecto, más que una cultura: la humana, la del hombre y para el hombre y la Iglesia, experta en humanidad…”.

Este Departamento se crea en la Delegación Diocesana de Evangelización y formación religiosa siguiendo la llamada del Papa emérito Benedicto XVI al convocar el Año de la Fe, cuando señalaba en la Carta Porta Fidei que “mientras en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy ya no es así”.

Recogiendo sus palabras a  los profesores universitarios en el encuentro de El Escorial en la JMJ de Madrid, un grupo de profesionales de distintos ámbitos culturales: científico, artístico, periodístico, docencia, derecho, arte, nuevas tecnologías, medicina, periodismo, humanidades… quieren “ser parte de esa gran cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres”.

A través de exposiciones, conferencias, cine, viajes religiosos y culturales, teatro, tertulias, divulgación de obras, libros, documentos, presencia pública, etc. quieren evangelizar los diferentes areópagos, centros neurálgicos de la sociedad del tercer milenio, para  así ayudar a interpretar hechos significativos de la realidad cotidiana con el fin de proponer respuestas convincentes a los interrogantes y anhelos del hombre de nuestro tiempo.

El logo que acompaña al Departamento representa la silueta de la abadía de Montecassino, porque nos parece todo un compendio de lo que tiene que ser nuestra labor. San Benito no se desentendió de la crisis de su tiempo, sino que encontró un camino diferente, y a la larga más fecundo, para superarla, sin uncirse a unas formas decrépitas que amenazaban ruina, uniendo fe y cultura. Ante el desmoronamiento del  mundo antiguo, la difusión monástica benedictina provocó una silenciosa revolución cultural. Nos parece muy significativa la idea de Alasdair McIntyre, que dijo que en esta época de barbarie difusa, Europa -con su decadencia cultural al haber postergado al cristianismo- está esperando no a Godot, sino a un nuevo San Benito.

Con el deseo de anunciar a Jesucristo en el corazón de las culturas, que Él nos ayude en el cumplimiento de esta ardua, pero excelsa misión.

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