Invención y Exaltación de la Cruz

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia.

En el complejo simbolismo de la Cruz encontramos dos factores esenciales. La Cruz y la Crucifixión. Por un lado, la Cruz en tanto que desviación dramática, como inversión del árbol paradisíaco en tanto que Árbol de la Vida, como eje del mundo; relación primaria entre dos mundos, el terrestre y el celeste; en suma, el travesaño vertical. El travesaño, en horizontal, es una conjunción de contrarios en la que casan el principio espiritual y vertical con el orden de la manifestación y de la tierra. También la iconografía medieval establece pares dualistas en torno a la imagen de Jesús en la Cruz. Así, la Cruz entre el sol y la luna, la Virgen y S. Juan, el buen y el mal ladrón, la lanza y la copa y, naturalmente, la tierra y el cielo. También en sentido vertical se contrapone el Espíritu Santo al cráneo de Adán a los pies del madero.

Lo que ahora nos interesa, los orígenes de la celebración popular de la fiesta de la Santa Cruz, apenas hay datos antiguos más allá de los testimonios conocidos del siglo XVIII. Y es que su vertiente popular, muy extendida por España y Latinoamérica, parece remitir a celebraciones paganas que se festejaban desde muy antiguo en el mes de mayo, considerado desde siempre como el mes del esplendor de la vegetación. Ya, autores renacentistas pretendieron hacer derivar tales celebraciones de alguna festividad grecolatina. Así, según Ovidio, la que más nos puede interesar es la de Attis, Hermoso joven que vivía en los bosques de Frigia a quien la diosa Cibeles eligió para sí, haciéndolo guardián de su templo, pero con condición de que se mantuviera siempre virgen. Attis cedió al amor de la ninfa Sagaritis y entonces la diosa hizo que ésta muriera, derribando el árbol del que dependía su vida. El joven enloqueció y se castró, tras lo cual la diosa lo volvió a admitir en su templo. La fiesta, recordando su muerte y resurrección, tenía lugar en el equinoccio de primavera. Comenzaba el 22 de marzo con la solemne procesión de un pino recién cortado (árbol en el que se había convertido Attis a su muerte).

Probablemente sería arriesgado apostar por una relación de dependencia entre tradiciones pagana y cristiana; se trataría más bien de génesis espontánea a partir de los fenómenos culturales recurrentes de adoración al árbol y exaltación de la naturaleza. De esta forma, las fiestas naturalistas de mayo se habrían transformado y agrupado en torno a un nuevo motivo, la Cruz. Resultando un ejemplo de asimilación y sincretismo de fiestas y símbolos.

El Cristianismo triunfante (siglo IV d. C.) le da la denominación de invenio, “descubrir”, a la festividad del 3 de Mayo para conmemorar el hallazgo de la verdadera Cruz de Cristo, Invención de la Cruz o Cruz “verde” por parte de la madre del emperador Constantino El Grande, Santa Elena, el año 326. Con todo, sin duda esta historia tiene mucho de leyenda ya que el emperador Constantino fue considerado en el medievo como prototipo del príncipe cristiano y se le rodeó de muchos relatos fabulosos, aparte de que (y no vamos a entrar en detalles) la celebración de este día es anterior al Pasionario.

La festividad de la Exaltación de la Cruz o Cruz “seca” (Exaltatio Santae Crucis) se celebra el 14 de Septiembre, según una tradición, para conmemorar la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el 335. También se admite que ese día se conmemora la recuperación de las reliquias de Cristo, que habían caído en manos de los persas, por el emperador Heráclito en el año 628. La historia de la recuperación de las reliquias por parte del emperador Heráclito nos narra que él mismo quiso cargar una cruz como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad.

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 16 de septiembre de 2017.

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