Poder, política y moral

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia.

Porque el hombre es contradicción se hace preciso el orden, lo que redunda en la importancia de la política. Decimos que el hombre es contradicción ya que es tensión; un ser problemático en dimensiones varias, entre naturaleza y cultura, entre sensación y razón, entro lo moral y lo legal… En suma una vida de contienda, de lucha que, para que se resuelva en felicidad exige armonizar sus partes contradictorias. Si añadimos que cada persona individual es incompleta; se hace precisa la vida con los otros, la convivencia.

Convivencia como una suerte de “amistad civil” donde la política tiene una de sus claves en la comunicación; pero no la charlatanería. Si desemboca en ella corremos el riesgo de perder el YO. De ello dan buena cuenta la publicidad, determinados “lintervius”… que no contribuyen a la formación de una opinión pública democrática con objetividad y libertad de información.

Desde Aristóteles, pasando por Sto. Tomás y Ortega y Gasset se reflexiona sobre la convivencia de ciudadanos juntos frente al peligro común. En suma, que para esa convivencia se hace precisa la autoridad; ya sea ésta individual (conciencia) o social (poder). Pero el poder posee un lado benéfico que asegura el orden y la unión, y un lado diabólico si tiende al poder absoluto (A. Camus, Calígula).

En “lo político” como dominio, como poder, encontramos tres finalidades. La del Bien Común (“Bonun Commune” según Sto. Tomás en su Suma Teológica). La Doctrina Social de la Iglesia insiste en la función de servicio de la administración pública. Pero Hobbes se sirvió de la noción de “salus populi”, noción que luego tomaría la Revolución Francesa bajo la forma de “salut public” y que Rousseau, en toda esa derivación, se había referido a “interés común”. La segunda finalidad es la superar la enemistad entre los pueblos; para lo que se vienen empleando la diplomacia, las alianzas o las amenazas. La tercera de las finalidades la encontramos en La Política de Aristóteles. Para el filósofo los hombres viven en sociedad, no sólo para vivir, sino también para vivir bien. La “bona vita” de Sto. Tomás que la logra el Estado procurando la concordia entre los ciudadanos y ampliando su patrimonio común (económico, cultural, lingüístico…).

¿Dónde quedaría la libertad frente a la autoridad? Karol Woytyla, la defendió en nombre de los Derechos Humanos contra el Leviathan del Estado, contra la autoridad devastadora. De ahí, que en parte, el Cristianismo sea una piedra angular de la democracia, por reivindicar la dignidad humana. Razón por la cual Juan Pablo II (1981) defendió la libertad en tres frentes. El político internacional, donde los estados pequeños tienen derecho a la independencia frente a los grandes bloques (Polonia frente a la URSS; El Salvador frente a USA). El político nacional para que no haya partido único identificado con el Estado (Cuba, Chile…). En el ámbito social, abogando por el respeto a Derechos Humanos tales como el trabajo, el bienestar, la libertad de conciencia, etc.

Cuando Platón se plant te ignorante ya que carecía de “filo-sofía”. Para él la democracia es el gobierno de los pasteleros en pugna con los médicos, quienes saben lo que debemos ingerir puesto que actúan según la Razón. Los pasteleros tienden a proceder “desrazonadamente”. El pueblo tiende a seguir al pastelero que da lo que no es bueno para la salud. En fin, que el pastelero miente y “allí donde prolifera la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa” (A. Camus).

Por su parte, el Sócrates de los primeros diálogos platónicos defendió el valor de diálogo ya que el pluralismo de opiniones enriquece. Quien se crea en amo de la Verdad, se transformará en dictador, por ende, el político de la unidad ejercerá violencia. Y, probablemente no sin ironía, W. Churchill afirmó que la democracia es el peor de los sistemas políticos, a excepción de los restantes.

Sin embargo el nuevo milenio ha abierto derivas políticas nuevas o supuestamente superadas, que podrían hacer tambalear a las democracias occidentales. En bastantes ocasiones son consecuencia de la demagogia audazmente empleada sobre una sociedad cada vez más autoengañada y posicionada en mayorías. Quizás se debería recordar a M. Twain cuando dijo: “si te das cuenta de que formas parte de la mayoría, habrá llegado la hora de que revises tu posición”; de lo contrario podría hacerse efectiva la frase de A. Suárez, quien afirmó que quienes alcanza el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio caro.

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 8 de julio de 2017.

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