Estamos de Ramadán, ¿te has enterado?

Enrique Encabo. Fundación Diocesana de Enseñanza Virgen de los Llanos.

Esta semana los medios de comunicación se han hecho eco del inicio del Ramadán. La noticia se ha tratado con el máximo respeto, ocupando las principales cabeceras. Todas las informaciones han resaltado las bondades de la práctica del ayuno, tanto para el alma como para la salud del cuerpo.

En un noticiario de mediodía de una televisión estatal resaltaron cómo la práctica del ayuno durante este periodo tiene innumerables beneficios: auto-control, hábitos de vida más saludables, se adquiere más paciencia y fuerza de voluntad, más generosidad… además de los múltiples beneficios físicos.

También han saltado a los medios de comunicación y más a las redes sociales como ayuntamientos y grupos políticos que habitualmente destacan por su laicismo beligerante, por su actitud contra todo signo religioso e intentar eliminar de la vida pública todo resquicio de elementos cristianos, en este caso están apoyando actividades de promoción del Islam y sus prácticas religiosas, organizando y subvencionando fastos conmemorativos por el Ramadán.

No es que esté en contra de la práctica del ayuno. La Iglesia Católica nos invita a dos periodos de especial austeridad de todo lo superfluo: Adviento y Cuaresma; tiempo de silencio para escuchar aquello que el ruido ensordece, de recogerse para encontrarse con lo más íntimo de cada uno, de ayuno para compartir y recordar la vida de aquellos que no tienen para vivir, de abstenerse para recordar que no lo podemos todo, que somos finitos. Y esto nos hace más humanos, más conscientes, en definitiva, más libres y auténticos. Y esto nunca es noticia.

Es curioso que en clase de religión (católica), para explicar a mis alumnos de secundaria, en qué consiste la cuaresma, tenga que recurrir a la comparación con el Ramadán, pues para todos es más conocido gracias a los medios de comunicación. Que en los menús escolares se lleve a rajatabla el sustituir cerdo por otro tipo carne a los niños musulmanes y sea complicado que se respete el Miércoles de Ceniza y los viernes de Cuaresma.

Esto que podía parecer baladí y anecdótico, tiene su trascendencia. Independientemente de la fe personal que cada ciudadano pueda o no tener, nuestra Cultura hunde sus raíces en siglos de historia y en una determinada concepción del ser humano. Nuestro concepto de persona, de dignidad, de libertad… no serían lo mismo sin nuestras raíces cristianas. La idea de reconciliación, igualdad, perdón, etc condicionan desde nuestro orden moral a nuestra legislación.

Dejar sin raíces Culturales sólidas a las nuevas generaciones, supone dejar sin identidad a todo un pueblo y lo hace fácil de dirigir y manipular. ¿No será esto lo que algunos están buscando?

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 3 de junio de 2017.

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