Resucitar

Juan Pablo Torrillas.

Me he sumergido en la literatura de Christian Bobin (Le Creusot, Francia, 1951) con la lectura de Resucitar, que acaba de publicar la editorial Encuentro. Un texto “extraño”, mezcla de diario, prosa aforística y poesía; una narrativa que pretende ser vida encarnada, real, salvífica. Bobin no es un escritor al uso. Vive alejado del mundanal ruido, retirado en el bosque, para escribir, sin distracción banal alguna, de las cosas importantes de la vida, las más sencillas; en la urbe, mientras tanto –considera Bobin-, la generalidad de las personas se ha vuelto una masa borreguil incapaz de detenerse por un momento a contemplar la belleza de la creación, la sonrisa de un niño, o de agradecer la vida misma, que es un regalo. “La atmósfera de nuestro tiempo es irrespirable y, sin embargo, seguimos respirando. ¿Estaremos muertos ya?”, se pregunta el autor.

La naturaleza, la infancia, la mujer o la literatura, son algunos de los temas que aborda Bobin en Resucitar. Me ha llamado la atención su crítica de la vida intelectual y literaria moderna, repartiendo mandobles a diestro y siniestro: de la cultura opina que “si bien seduce a numerosos espíritus, nunca ha iluminado a ninguno”. De los intelectuales dice que “a la mayoría les falta esa inteligencia que no se satisface con nada y no encuentra reposo en ninguna parte, que brota como la sangre de una herida o como el perfume de una rosa”. Y, caminando como Bobin camina por la senda de la sencillez, dice de su biblioteca: “entierro a muchos escritores en cajas de cartón que bajo después al sótano: mi corazón se simplifica al mismo tiempo que mi biblioteca”.

Sin embargo, el asunto central que sustenta toda la obra es Dios y la muerte. Pero lo destacable es que la muerte no es la protagonista, sino la derrota de la misma, y se nota: “Hoy, mi padre, recientemente desaparecido, ha estado todo el tiempo a mi lado. Lo mismo que yo, no ha hecho nada en todo el día. Sonreía, eso es todo”. En Resucitar, la luz y la esperanza se apoderan de cada palabra, de cada frase; una obra que rezuma celebración, encantamiento y gratitud. Ante la tumba de su padre, Bobin interpela al lector con sus reflexiones: “El corazón de los muertos es como una caja de música. A penas comenzamos a pensar en ellos, sale una melodía ligera y desgarradora”. “Las almas son decretos, cada una con una manera propia de tirar su vida a la nada o de impulsarla hasta el cielo”. Reflexiones que no siempre están exentas de polémica: “He encontrado a Dios en las lagunas, en el perfume de la madreselva, en la pureza de algunos libros e incluso en los ateos. Casi nunca lo he encontrado en los que tienen por oficio hablar de él”. En fin, todo un descubrimiento.

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 27 de mayo de 2017.

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