¿Qué hay detrás de la mendicidad?

Mª Dolores Carcelén. Periodista.

En los años noventa, llamaba la atención que en la capital de España hubiese personas que dormían en los cajeros o en la calle entre cartones, incluso sorprendía que hicieran guardia en cada uno de los supermercados. Era impensable que algo así sucediera en una pequeña capital de provincia como Albacete. Pero, con el paso de los años, esta ciudad ha heredado lo más doloroso de las grandes.

La Avenida de España, la calle Ancha o el Pasaje de Lodares, calles principales y secundarias. En las esquinas, aparcamientos, cajeros, puertas de supermercados e iglesias –aquí era lo tradicional-, en las terrazas e incluso mientras se para el coche en un semáforo, siempre hay alguien que extiende la mano con mirada suplicante. Aquí no hay mafias, son personas con verdadera necesidad que, en la mayoría de los casos, se han estancado en la mendicidad.

Tan difícil es para ellos salir del pozo como para quien los mira no darles una moneda, pero organizaciones como Cáritas insisten en que la limosna no es la solución. Deja mala conciencia pasar de largo ante la súplica y es que, si bien se recomienda no darles dinero, Cáritas sí que pide que no se conviertan en personajes invisibles, en una parte más del mobiliario urbano.

La mendicidad no es la solución, pero tampoco lo es dar la espalda a este colectivo. Detrás de las personas que piden hay quien ha hecho de ello su medio de vida, pero, sobre todo, personas con nombres y apellidos, problemas de drogas, mentales, pasados dolorosos, rupturas familiares y un sinfín de despropósitos que los han ido hundiendo.

Es verdad que muchos de ellos son conocidos de las calles de Albacete. Por las mañanas, haga frío o calor, la Avenida de España tiene un personaje entrañable que, canastilla en mano, lleva décadas pidiendo. Se trata de una vieja conocida y apreciada por los comerciantes y vecinos. Pero es necesario saber que aunque muchos sean los de siempre hay quien no desiste en reinsertarlos.

Cáritas empieza por conseguirles un primer trabajo bajo su tutela que, finalmente, les suele servir de puente para salir de la calle y normalizarse. Porque, aunque parezca mentira, «la calle engancha». Sacerdotes, voluntarios y agentes conocen a cada uno de los mendigos; hablan con ellos y una y otra vez les invitan a iniciar a otro camino. Sin embargo, hay casos en los que, después de conseguirles una plaza en una residencia renuncian a ella o incluso hay disputas entre los que llevan tiempo en la puerta de la una iglesia y los nuevos que vienen de paso.

Es un mundo complicado. Cáritas nunca dirá a nadie que no dé limosna o que niegue una moneda a quien la pide, «porque cada uno tiene su forma de dar la caridad», pero «cuanto más dinero consigan para malvivir, menos ganas tendrán de salir de la calle». Más valor que una moneda, tiene hablar con ellos, que se sientan personas.

Cáritas pretende, aunque reconoce que no es sencillo, “despertarles el deseo por salir de su situación”.

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 29 de abril de 2017.

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