La verdad sobre Lutero

Juan Pablo L. Torrillas.

Reseño hoy una obra fundamental para quien quiera contestar a la siguiente pregunta: ¿quién fue y qué quería Martín Lutero? Ese es el objetivo que se propone Ángela Pellicciari en La verdad sobre Lutero (VozdePapel), tema que aborda con incuestionable rigor histórico, teológico y honradez intelectual.

Es cierto que las características del papado en tiempo de Lutero son las del nepotismo, la mundanidad, el mecenazgo, la sed de poder y una vida a menudo libertina, pero a lo largo del ensayo comprobamos con claridad que Lutero, lejos de ser un reformador de la Iglesia (como sí lo fueron, por ejemplo, San Francisco de Asís o Santa Teresa de Jesús) se comportó como un auténtico revolucionario entregado a pasiones violentas y contradicciones insalvables: en nombre de la libertad confiere al príncipe un poder absoluto; en nombre de la verdad del Evangelio difunde el odio contra Roma, contra la Iglesia y su historia; en nombre de la moral evangélica justifica la mentira y la bigamia; en nombre de la nación alemana provoca una guerra civil que hace explotar Alemania en una miríada de estados. Vencer por todos los medios: este es el imperativo de las naciones reformadas. Incluidos la calumnia y la falsificación de la historia. La leyenda negra inventada contra España forma parte de este proyecto: “La ciencia histórica parece ser una conjura de los hombres contra la verdad”, escribe León XIII el 18 de agosto de 1883.

Especialmente instructivos son los capítulos que abordan la importancia del Dinero en la revuelta luterana; el nacionalismo religioso alemán, frente a lo católico, lo universal del mensaje de Jesús; la negación de la supremacía de Pedro como Vicario de Cristo, así como su odio obsesivo hacia la figura del Papa (al que consideraba el anticristo); su visión del sacerdocio universal, frente al ministerial, y su democratización de la Iglesia, nada de jerarquías; la teoría de la doble predestinación; la primacía de la libertad frente a la verdad, el libre examen; la justificación por la fe, que no por las obras; la purificación del culto; el capítulo en el que se analiza su odio a los judíos (“evita los judíos como si fueran la peste, y tienes que saber que en todas partes donde tienen las sinagogas, allí no es otra cosa que una guarida de demonios”), o el que aborda su rechazo a los sacramentos.

El 31 de enero de 1521, el papa León X emite la bula de excomunión Decet Romanum Pontificem por la que Lutero deja de formar parte del cuerpo de Cristo en la tierra, y pocos años después el Concilio de Trento (1545-1563) se convoca para poner orden, frenar la herejía y dar continuidad al Magisterio y a la sana doctrina, pues nadie va al Padre sin la verdad.

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 18 de febrero de 2017.

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