Tiempo de visitas

Pedro Ignacio González Camuñas.

Los recientes resultados electorales han dejado a la sociedad española algo apesadumbrada. Una nueva situación se ha producido, que no sabemos cómo se encauzará. Durante casi cuatro décadas, nos hemos felicitado por los logros de la transición española. Ahora aparecen posturas más irreconciliables que fragmentan a la sociedad española.

El pueblo judío, también esperaba una liberación, preferiblemente política y también estaba fragmentado.

Precisamente durante el tiempo de adviento, se ha insistido en rebajar las líneas rojas y rellenar los socavones de nuestro odio. Ante posturas soberbias, de creer llevar tener razón, necesitamos la humillación de reconocer que lo que ahora disfrutamos no es por mérito sectario, sino que nos lo han brindado los que nos antecedieron. Ser restaurados, buscar el bien común, como punto de partida para emprender una nueva andadura.

Es mucho más fácil pensar,-porque no necesita reflexión-, en un ambiente maniqueo, de buenos y malos, donde no exista opción a buscar el bien común, como si fuera un instinto: que tu bien, fuera mi mal; pero mucho más estéril.

A esta tentación siempre se debe sobreponer el bien común, que no es sólo una amplia clase social media.

Un primer gesto de encuentro es la reunión o visita- ir a ver a alguien en su casa por cortesía, atención, amistad o cualquier otro motivo. Por eso es tan importante el dialogo y la empatía.

Visitar aparte de aproximarse, quiere decir hacerse cargo, ayudar, consolar y asistir. Mucho más pleno su significado en el pasado cuando el domicilio era punto de recepción. Por eso en estas fechas nos queremos aproximar a los lejanos y cercanos a través de felicitaciones y deseos de paz.

El primer efecto de la visita es la alegría, el ser recordado y reconocido. Una alegría sincera que de momento causa consolación, esa que se siente y que se estremece. Así también el visitado se pregunta sobre su identidad: ¿por qué viene a mí? Afirma la identidad lo que somos y nos configura. La buena visita personaliza.

¿Estamos preparados para ser visitados o cerramos las puertas a quien inoportuna llamando a nuestro timbre? ¿Promovemos esos encuentros?
En estas fechas celebramos en la Navidad que

“somos visitados por el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.”

De la misericordia nace la motivación para visitar y lanzar puentes.

A parte de que visitar a necesitados (enfermos, presos…) sea una obra de misericordia, visitar nos acerca a nuestros vecinos. Y nos hace reflexionar que de su bien y felicidad también participamos. Justo la mirada de necesitar del otro, nos humaniza y nos empatiza con sus reivindicaciones. Necesitar del otro, nos es traficar con valores, es manifestar que tenemos un bien común y es mucho más lo que no une que lo que nos separa.

Mañana celebramos el día de la Familia, célula de nuestra sociedad, verdadero asiento de superación de cualquier crisis y escuela de concordia y crecimiento social. FELIZ NAVIDAD

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 26 de diciembre de 2015.

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