Permanecer en la verdad de Cristo

Juan Pablo L. Torrillas.

Con motivo del próximo Sínodo General de los Obispos sobre la Familia, a celebrar en el Vaticano en octubre, y que tiene como lema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, conviene recordar aquello que dijera San Juan Pablo II: “Dado que es cometido del ministerio apostólico asegurar la permanencia de la Iglesia en la verdad de Cristo e introducirla en ella cada vez más profundamente, los Pastores deben promover el sentido de la fe en todos los fieles, valorar y juzgar con autoridad la autenticidad de sus expresiones, educar a los creyentes para un discernimiento evangélico cada vez más maduro” (Familiaris consortio).

Uno de los temas más polémicos es el de si los católicos divorciados y vueltos a casar civilmente pueden ser admitidos o no a la comunión eucarística. A favor se muestra el cardenal Kasper, que propone en El evangelio de la familia (2014) un cambio en la doctrina y disciplina sacramental de la Iglesia, apelando a la práctica cristiana primitiva y a la tradición ortodoxa oriental de emplear “misericordia” para con los divorciados; lo que los ortodoxos denominan oikonomia.

La respuesta no se hizo esperar, y fieles a las Sagradas Escrituras, al Magisterio y a la Tradición de la Iglesia, los cardenales Brandmüler, Müller, Caffarra, De Paolis y Burke, y otros expertos en la materia, publicaron una obra de un valor extraordinario: Permanecer en la verdad de Cristo. Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica (Ediciones Cristiandad, 2014). Los argumentos esgrimidos frente a Kasper son de una claridad y contundencia incontestables.

El meollo de la cuestión está en la indisolubilidad del matrimonio católico, algo incomprensible a los ojos de un ambiente secularizado. El cardenal Caffarra apunta: “El status del divorciado vuelto a casar está en contradicción objetiva con aquel vínculo –indisoluble- de amor que une a Cristo y a la Iglesia, significado y actuado por la Eucaristía”. Y el cardenal Müller, ante los criterios mundanos con los que algunos juzgan el matrimonio, invita a la Iglesia a resistir y “a no responder a la creciente incomprensión sobre la santidad del matrimonio con una adaptación pragmática ante lo presuntamente inexorable, sino solo mediante la confianza en “el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido” (1Cor 2, 12)”. Y respecto a la “misericordia”, recordemos lo que Cristo dijo a la mujer adúltera: “Ve, y en adelante no peques más” (Jn8, 11). La misericordia de Dios no nos exime de seguir sus mandamientos. Son solo unos ejemplos, pero ante los vaivenes del mundo, urge Permanecer en la verdad de Cristo, también en el próximo Sínodo de la Familia.

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 12 de septiembre de 2015.

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