Si lo dice Twitter

Mª Dolores Carcelén. Periodista.

“Si estamos demasiado apegados a las riquezas, no somos libres. Somos esclavos”. El último medio siglo nos ha hecho esclavos del tener. Cuanto más conseguimos, más queremos. Entramos en un círculo vicioso en torno al coche más grande, la segunda casa, la tercera y quien puede hasta la cuarta. Sin olvidar el móvil de última generación, ese que no me deja ni comer ni dormir porque es puro entretenimiento; la televisión panorámica o el último ordenador. Luego pasamos un día en la Sierra sin cobertura y descubrimos con pesar que estamos en la gloria. Hay que “tener” para “ser” y, cuando te quieres dar cuenta, efectivamente, ya ni “eres”, te has convertido en un esclavo, para colmo de los colmos, voluntario.

“Cuando se vive apegado al dinero, al orgullo o al poder, es imposible ser feliz”. Una cosa es tener un sueldo miserable o anhelar un trabajo y otra cosa es empeñarte en acumular y acumular obsesionado con un mañana infinito. Capítulos de orgullo y poder los vemos a diario en quienes nos representan y en quienes aspiran a ello. Y el problema no es sólo que ellos no sean felices es que nos están amargando la existencia a los demás.

“El gran peligro en el mundo actual es el triste individualismo que nace del corazón avaro”. Nos sobra con uno mismo porque tenemos de todo. Estamos más solos que la una y nos hinchan a pastillas para que a ratos pensemos que somos felices. Feliz es el que duerme sin problemas de conciencia, el que se pone en el lugar del otro y mira más allá de su ombligo, cicatriz que de tanto mirarla nos provoca problemas de cervicales.

“Para cambiar el mundo, es necesario hacer el bien a quien no puede darnos nada a cambio”. Hacer el bien a quien no nos recompensará, a quien nunca nos devolverá el favor, a quien no nos dará un voto. Esta recomendación sí que es el colmo. En un mundo individualista, apegado al dinero y lleno de esclavos, quién es el guapo que se propone cambiar el mundo a cambio de nada. Muchos empiezan así en miles de proyectos, unos altruistas y otros políticos, y la mayoría acaba rindiéndose.

En fin, estas frases entrecomilladas son de un loco, uno de tantos que se ha empeñado en cambiar el mundo. Tiene millones y millones de seguidores en todo el planeta, pero también millones de detractores. Se trata de un hombre que desata odios y pasiones, pero también se trata de alguien a quien nadie le puede negar que dice verdades como puños. No es especialmente guapo, por no decir lo contrario, y no debe su fama a la política o a la televisión basura. A partir de aquí, somos libres, no esclavos, de seguirlo, de tomar nota, de respetarlo o de criticarlo. Yo lo admiro. Se trata del Papa Francisco. Estas frases están sacadas de su cuenta de Twitter: @Pontifex_es

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 7 de marzo de 2015.

 

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