Crisis de la verdad

Pedro López

“No es difícil imaginarse el infierno en que se convertiría la vida social si la mayoría de la gente no dijera la verdad. Si los jueces, los periodistas, los médicos, los maestros, los comerciantes mintieran, la vida social sería imposible. La verdad es una de las dimensiones fundamentales de la vida, una realidad que envuelve nuestra existencia, uno de los pilares básicos de la conciencia moral de la humanidad”. Las noticias recurrentes de estos días me han hecho pensar en esta reflexión de Eugenio Alburquerque.

Hoy se miente con una facilidad pasmosa: se miente en política para destruir al adversario y alcanzar el poder, se miente en los negocios económicos para ganar cada vez más dinero a costa de los más débiles y desprotegidos, se miente en los medios de comunicación con el fin de alcanzar audiencia y beneficios, se miente en la vida ciudadana para esconder nuestras mezquindades, se miente en las relaciones personales y familiares para ocultar nuestras miserias inconfesables.

Y, a la vez, toda persona siente el impulso de buscar la verdad, servirla y vivir en ella. No colma interiormente vivir en el error, en la mentira y la arbitrariedad. Quien busca la verdad no puede menos que preguntarse ante sí mismo y ante lo que acontece: “¿esto es verdad?”, es decir, “¿refleja la realidad tal como es o la tergiversa y desfigura?”. Todo ser humano auténtico tiene que buscar la verdad de su propio ser, la verdad de las cosas y la verdad de los hechos que ocurren; para ello necesita inquietud intelectual y capacidad de diálogo sincero con el diferente, diálogo en el que se eliminen prejuicios irracionales y se esté dispuesto a escuchar las razones del otro.

En la vida social la comunicación de la verdad genera confianza, encuentro, reflexión, avances. La mentira, en cambio, engendra desconfianza e inseguridad, aleja a las personas, rompe vínculos sociales, destruye comunidades, aumenta los odios y las injusticias.

Siempre me ha impresionado la frase de D. Miguel de Unamuno que se encuentra en la puerta de la casa de los Rectores de la Universidad de Salamanca: “Primero la verdad que la paz”. Probablemente D. Miguel sabía muy bien que no hay paz sin verdad, que no hay libertad sin verdad; que la Universidad es el lugar de la búsqueda de la verdad y, por tanto, de la apertura a todas las dimensiones de la realidad.

Cuando un ser humano es sincero consigo mismo y reconoce la verdad de lo que ha hecho, muestra una madurez sorprendente y puede iniciar el camino de su regeneración personal.

Benedicto XVI afirmó que “la aspiración más alta del espíritu humano es la búsqueda de la verdad”. Y es cierto. Los grandes hombres y mujeres de la Historia de la Humanidad han sido aquellos que no se han doblegado a las ideologías, a lo políticamente correcto, al propio beneficio; sino que han buscado la verdad de lo que el Hombre es (su ser, su dinámica, su destino) y la verdad de la realidad por encima de prejuicios e intereses.

 

Publicado en la “La Tribuna de Albacete” el 10 de mayo de 2014.

Lago estrellado

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